Un reciente análisis del diario británico The Guardian revela que el complejo refinador de la Costa del Golfo de Estados Unidos emerge como el principal beneficiario estratégico tras la intervención de la administración Trump en Venezuela.
A pesar de que EE. UU. es un gigante del fracking, sus refinerías enfrentan una paradoja técnica que hace del crudo venezolano un recurso vital.
Las refinerías del Golfo, descritas como «reliquias de otra época», no fueron construidas para el petróleo ligero y dulce del shale estadounidense.
Crudo venezolano «objeto de deseo» de EEUU
Por el contrario, estas plantas multimillonarias requieren una «dieta» de crudos pesados y sulfurosos.
Ahí es donde el petróleo venezolano destaca, al ser denso y pegajoso como un alquitrán semisólido, es el insumo ideal para producir eficientemente diésel, combustible para aviones y petroquímicos.
La relevancia de esta conexión no es solo técnica, sino masiva en términos de empleo. Según Oxford Economics, estas instalaciones sostienen 80.000 empleos directos y generan más de tres millones de puestos de trabajo indirectos.
Infraestructura venezolana
El acceso a este crudo permitiría a EE. UU. reducir la dependencia del petróleo canadiense que es más caro de transportar, y desviar el flujo que actualmente beneficia a China, alineándose con la promesa de reindustrialización y energía barata de Donald Trump.
No obstante, la recuperación no será inmediata. The Guardian advierte que la infraestructura venezolana sufre un deterioro masivo.
Para saciar la sed de las refinerías tejanas, se requerirá una inversión superior a los 30.000 millones de dólares y años de reconstrucción, convirtiendo esta victoria geopolítica en una apuesta de resistencia y capital.
Información de Banca y Negocios / Redacción Minuto Financiero
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